Hola!

Hoy es para mí un día de luto, porque se cumplen ya unos años de la muerte de mi abuela materna. Como cada año, lo hemos conmemorado con una misa familiar y un desayuno en casa de mi padrino.

Yo no conocía mucho a mi abuela, porque murió cuando tenía cuatro años, pero sé que era una de las mejores mujeres de este mundo. Recuerdo algunas cosas de ella, las otras me las han contado; me acuerdo sobre todo de las fresas con nata que preparaba-es un plato que a mí me encanta-.

Mi abuela murió de cáncer, y antes de el cáncer que se llevó su vida y una gran parte de nuestras alegrías, tuvo otros más. Los soportó todos con increíble entereza, sin perder jamás el buen humor, esforzándose por siempre animarnos y mimarnos, a sus hijos, nietos, primos y a su marido, es decir,  a mi abuelo.

Si hay alguien en quien yo veo un gran ejemplo de mi abuela, una especie de réplica de como era, es en mi madre. Ella es el modelo de madre que a mí me gustaría ser; no es el tipo de madre con hijos perfectos, un marido perfecto, ingresos perfectos y una casa perfecta. Tampoco tiene todo el tiempo libre que quiere, ni sus hijos corren hacia ella con lágrimas de felicidad cada vez que llega a casa. No, mi madre es una madre completamente normal, pero ha aprendido a superar los golpes de la vida, y también nuestras contestaciones diarias. Desde luego que muchas veces nos enfadamos, contestamos, pero ella siempre consigue una forma de superar los problemas sin recurrir a la técnica fácil del castigo o los gritos. Siempre que me enfado, en seguida surge en mí la necesidad de pedirle perdón, y ella siempre me perdona, sin recalcar que vuelvo a caer luego en el mismo defecto miles y millones de veces. Por eso veo en ella un gran modelo de cómo debe ser una madre.

En fin, a todo esto me ha venido un poema a la cabeza, que leí en un libro-Diario de Paula-. La protagonista lo leía cuando lloraba por su abuelo, por eso me ha recordado a esto.

Se llama "Canción para una chica que lloraba sola en Taramay", y es de Miguel d'Ors.

Lágrima que yo he visto brotar de tu silencio

y de tus quince años

y que cayó en la tarde con un algo de hoja

desprendida de un mayo...

Yo no sé de que pena, de qué esperanza rota,

de qué nombre venía,

ni si era tu primera lágrima de mujer

o la última de niña.

Yo pasé junto a ti como pasaba el viento

y el rumor de las olas.

Nunca sabré tu nombre. Nunca sabré el pasado

de esa lágrima sola.

Ni tu sabrás tampoco que una tristeza tuya

cruzó una vez mi vida...

La noche será corta. Mañana volverás

a ser una sonrisa.

Pero quiero decirte que esa lágrima tuya

cayendo inconsolable, de tus años-tan dulces, tan amargos, tan quince-

desbarató la tarde;

que la playa y el verde de las enredaderas

y julio y sus gaviotas

se ensombrecieron cuando, a solas con el mar,

lloraste porque todo, porque nada, por cosas.