Hoy, tiro con arco con mi hermano mayor. Guardamos los caballos que hay sobre la diana, es decir, en una especie de desnivel de la montaña,para no matarlos con una flecha desviada.una sensación de profesional me inunda cuando cojo el arco... y me abandona cuando fallo por completo ese tiro, el siguiente, y el siguiente... y todos los demás, cuyas flechas van a parar indefectiblemente al suelo.
Mi hermano coge el arco, esboza la misma expresión de experto que debo de poner yo, apunta al blanco y... le da. Y el siguiente, y el siguiente. Dos acaban en el justo blanco. Sintiéndome vencida por el calor y por la derrota, ambos expresados en mi cara y en la de mi hermano. decido probar una vez más, imitando los pasos del "maestro". Me da unos cuantos consejos, apunto y... ¡sí! este ha entrado. Confiada, sigo tirando, pero ninguna de las otras flechas corre la misma suerte. "otra vez será", dice mi hermano, cogiendo el arco. Soy incapaz de sufrir otra derrota, mi orgullo me lo impide, así que le deseo suerte y dejo que siga tirando solo. Nos enfrentaremos cuando haya practicado un poco más-y cuando esa expresión de indiferencia cuando gana se borre de su cara... ¿es que no sabe alegrarse con un blanco?-.

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